
El proyecto, que llegó a tener clientes en España, Francia y Portugal, controlaba toda la cadena productiva, desde la alimentación de los animales hasta la venta en tienda, online y restauración. El crecimiento evidenció problemas de rentabilidad, y la búsqueda de un inversor no fructificó.
Solo sigue abierta la tienda de la calle Ponzano en Zaragoza. Parte del modelo continuará a través de un club privado de consumidores, con producción en Aragón orientada a un mercado internacional.