
La cadena de panaderías y cafeterías Le Blé, que llegó a contar con 39 locales entre propios y franquiciados en Buenos Aires y que en su momento estudió expandirse a Madrid, ha solicitado la apertura de un concurso preventivo de acreedores. La presentación fue realizada por Be Larch S.A., sociedad constituida en 2016 que opera la marca, y refleja el deterioro acelerado de una empresa que durante años creció apoyada en el modelo de franquicias y que hoy gestiona directamente un único local, situado en Tres de Febrero 1059 de la Ciudad de Buenos Aires, donde también radica su sede social.
En el expediente judicial, Be Larch explica que la crisis se gestó a lo largo de 2024 y 2025 como consecuencia de varios factores concurrentes. La pérdida de franquiciados que operaban establecimientos de alta facturación redujo de forma significativa los ingresos del grupo, a lo que se sumó una caída generalizada del consumo en el sector gastronómico y de cafetería. Al mismo tiempo, los costes operativos, laborales y fiscales continuaron aumentando, y el acceso al crédito se fue cerrando progresivamente.
La empresa reconoce ante el juez que su estructura de costes había sido dimensionada para una fase de expansión que no se consolidó. Con menos locales y menos ventas, ese entramado resultó inviable: en el último ejercicio disponible, la facturación cayó de 3.079 millones de pesos a 2.577 millones, y el resultado pasó de un beneficio de 177,6 millones a unas pérdidas de 214,3 millones. El propio auditor de la compañía ya había advertido, en el balance, sobre dudas fundadas respecto a su capacidad para continuar como empresa en marcha.
La empresa sitúa el inicio formal de la cesación de pagos el 10 de abril de 2026, cuando no pudo cubrir la cámara compensadora bancaria y comenzaron a rechazarse los cheques que había emitido. Desde entonces, el BCRA registró 175 cheques rechazados por un importe superior a 205 millones de pesos, la mayoría emitidos entre abril y junio de 2026. En mayo, se trabó un embargo general sobre fondos y valores por 16 millones de pesos, más 2,4 millones adicionales en concepto de intereses y costas. Las cuentas corrientes que Be Larch mantenía en Banco Galicia, Banco Macro, Banco Nación y Banco Ciudad fueron canceladas por las entidades, lo que obligó a la empresa a solicitar judicialmente su reapertura para poder atender pagos a proveedores, obligaciones fiscales y nóminas.
Antes de la presentación concursal, dos acreedores habían instado ya la quiebra de la sociedad. Posta Express S.R.L. reclamó una deuda superior a 1,19 millones de pesos derivada del rechazo de un cheque electrónico. Por su parte, Molino Chacabuco, proveedor de harina e insumos para panificación, presentó su propio pedido por tres cheques electrónicos rechazados, con un capital reclamado de más de 11,4 millones de pesos.
Los 1.566,8 millones de pesos declarados corresponden a 76 acreedores de diversa naturaleza: entidades financieras, proveedores, organismos fiscales y trabajadores. Entre los más destacados figuran:
Los créditos laborales tienen también un peso relevante en el pasivo: entre los acreedores privilegiados constan varios juicios por despido con créditos de 112,5 millones, 76,1 millones, 66,6 millones y 57,9 millones de pesos, respectivamente. La información del Banco Central indica que la deuda financiera total ascendía a 532,3 millones de pesos a junio de 2026.
La red de locales ha quedado reducida a aproximadamente 20 establecimientos, la mayoría bajo régimen de franquicia, frente a los 39 que llegó a tener en su mejor momento. La plantilla también se ha contraído drásticamente: de los 49 empleados que tenía en noviembre de 2025, la empresa pasó a contar con 15 trabajadores en el momento de la presentación concursal. Be Larch había intentado sanear su situación antes de acudir a la justicia mediante reducciones de costes, renegociaciones con proveedores, reprogramación de vencimientos y cierre de locales propios deficitarios, medidas que resultaron insuficientes para restablecer la liquidez.
La compañía, fundada en 2008 por Pablo Petrelli y Donatienne Fievet con la apertura de una boulangerie de inspiración francesa en el barrio porteño de Colegiales, busca ahora que el proceso concursal le permita reorganizar sus pasivos, mantener operativo su único local de gestión directa y preservar los puestos de trabajo restantes mientras negocia un acuerdo con sus acreedores.